San Victorián

Los orígenes del monasterio de San Victorián están estrechamente relacionados con el monasterio más antiguo de España, San Martín de Asán, cuya ubicación originaria es muy debatida. Este monasterio se fundó en la época del rey Gesaléico (506-510).

Según cuenta la leyenda, Beturián, como se le llama en Sobrarbe, nació en Italia en el año 480. Huyendo de las tentaciones terrenales llegó a los Pirineos. Tras una vida de eremita en la cueva de La Espelunga y realizando grandes prodigios, fue nombrado abad del monasterio. Ejerció este cargo durante veinte años y a partir de ese momento, el monasterio tomó su nombre.

Destruido por los musulmanes, fue reconstruido por Ramiro I de Aragón (1035-1063). Fue protegido por reyes y papas y durante siglos se configuró como el corazón político, económico y espiritual de las tierras de Sobrarbe.

A lo largo del siglo XII y XIII, el monasterio consolida su territorio, surgiendo el Abadiado de San Victorián, y se convierte en el centro neurálgico de un extenso territorio. Durante los siglos posteriores el monasterio sigue aumentando sus propiedades. A mediados del siglo XVI contaba con un total de cincuenta y cuatro parroquias sobre las que el abad ejercía jurisdicción civil, criminal y religiosa.

A finales del siglo XVI comienza la decadencia del cenobio debido a la pérdida de propiedades, por las políticas reales y eclesiásticas, especialmente por la creación del Obispado de Barbastro (1571), quedándose únicamente con 20 pueblos.

En el siglo XVII, gracias a una ayuda real, se realizan obras de restauración en el conjunto monástico, en la hospedería y en La Espelunga. Durante el siglo posterior, el abad consigue el apoyo de Felipe V para reedificar la iglesia sobre la anterior (1715-1737). En 1763 un rayo, y un año después fuertes vientos, provocan grandes daños en el edificio, que son reparados con la ayuda del Marqués de Avilés y Esquilache que lograron que Carlos III les concediese 60.000 reales.

La desamortización eclesial de Mendizábal supuso un durísimo golpe para la economía del monasterio, que pierde gran parte de sus tierras. Cuando en 1844 el propio monasterio iba a ser vendido, se suspende la venta por Real Decreto de 25 de marzo, y éste queda encomendado al Ayuntamiento de Los Molinos.

El último siglo fue nefasto: la guerra civil trajo expolios, incendios y bombardeos. El año 1953 representará el fin de su historia como comunidad monástica. En 1984 se abre el expediente de declaración como Monumento Nacional. En la actualidad se está procediendo a su restauración.

 

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Textos: Pirinei

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